Instituto de Historia Eclesiástica Isabel la Católica
Vicente Rodríguez Valencia

Libro

Perfil moral de Isabel la Católica.
Parte III: El alma de la Reina en la opinión

1974


  • Introducción
  • I. Opinión contemporánea. Siglos XV y XVI
  • II. Siglos XVII al XX
  • III. Nota sobre la Causa de Beatificación

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    Orbem namque perpetua fama relinquet ornatum.

    (E M. de Angleria, Epist. 276, Medina del Campo, 15 oct. 1504).

    A la historia y a la Iglesia importa mucho no solamente lo que el personaje haya sido, sino también lo que de él hayan pensado los demás.

    Sobre la Reina Isabel se ha producido en su tiempo, y en los siglos posteriores, hasta nosotros, una sorprendente manifestación universal de opinión.

    No se trata de una floresta de alabanzas, o de elogios de compromiso, frecuente en la estela de los altos personajes. Ni de una antología procedente del grupo de admiradores, que tantos prestigios ha montado desde su torre de marfil.

    Se trata de un estudio de opinión a distancia y de cara a la investigación que mantiene o quebranta prestigios; o levanta otros nuevos que no le fueron formulados en el legado de la historia.

    Estudio que no puede ceñirse a la observación del fenómeno contemporáneo, que es su punto de partida, o a la fama efímera de una generación que hace a sus héroes o les consume y relega; sino a la opinión que resiste a los tiempos y perdura en esta y en otra generación; la que el tiempo no marchita, sino que fija, perpetúa o, quizá, acrecienta a medida que se aleja del punto de partida.

    Puede que la investigación última de hoy confirme el juicio de los primeros observadores que trataron de fijar un estudio de opinión sobre las condiciones personales de la Reina Isabel, a principios del s. XIX y al comenzar el XX:

    En 1807:

    "Mientras el tiempo, consumidor, oscurece poco a poco y borra la de otros personajes, ruidosos un día, se aumenta, por el contrario, y extiende la veneración de la posteridad a nuestra Princesa; y la gloria que derrama sobre su nombre el grato recuerdo de sus virtudes, va creciendo cual río caudal a proporción que se aparta de su origen" (Clemencín, Elogio, en la Acad. de la Hist., 31 jul. 1807, en Memorias, de la R. A. de la H., VI, p. 1).

    Recogía aquí el secretario perpetuo de la Academia, el último eslabón del S. XVIII) el del P. Enrique Flórez (v. infra).

    Siguiéndole los pasos, en España, el bostoniano Prescott:

    "El juicio de la posteridad ha venido a confirmar el de los contemporáneos; y los españoles más ilustrados de nuestros días... dan honroso testimonio de sus virtudes" (Historia del reinado... Versión española, Madrid 1855, 343).

    En 1904:

    “Ni la inquieta época contemporánea en que... los progresos realizados por la investigación quebrantaron tantos prestigios, ha dejado de sentir, en lo esencial, del mismo modo"; "gran cadena sin solución de continuidad que ex-tiende sus eslabones desde las postrimerías del siglo Xv hasta los albores del xx". (Conde de Cedillo, en la Acad. de la Historia, 27 de nov. 1904; Discurso..., Madrid 1904, pp. 5 y 6).

    Recogía aquí el Presidente de la Academia, no sólo la explosión de opinión del s. XIX, sino el primer eslabón del XX, el del arzobispo agustino fray Zacarías Martínez (v. infra).

    I. Opinión contemporánea. Siglos XV y XVI

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    Es fundamental la opinión de los coetáneos, que conocieron y trataron a la Reina de cerca, o en la propia domesticidad de la Corte y de la Capilla Real, y que, por tanto, tienen la condición histórica y canónica de testigos inmediatos; son los del siglo XV hasta 1504, año de la muerte de la Reina. Se les unen los otros testigos mediatos primeros, que parten de 1504; los del S. XVI.

    La profusión de datos que la investigación puso en las manos, desbordaba el proyecto, se concretaba en una selección de ochenta testigos, y constituía un tomo primero (V. Rdz. Val., Isabel la Católica en la opinión de españoles y extranjeros, siglos XV y XVI, Valladolid 1970, 560 págs.). Si estos estados de opinión coetánea, fueren acaso una Fama de Santidad, un Proceso canónico podría valorar cualitativamente este acervo; y cuantitativamente, tendría para tomar y dejar. De los siglos XVII al XX se recogen otros ciento cincuenta testimonios, y constituyen un tomo segundo. (Id., 648 págs.). Los ochenta testigos coetáneos, con diversos testimonios cada uno de ellos, son de la más variada procedencia, circunstancia que hace imposible al conjunto el de-pender los unos de los otros. Esta independencia se establece correctamente, aun cuando no existieran diversidades de procedencia, en los testigos oculares que han tenido ocasión de formar opinión propia sin necesidad de depender de la ajena; y, además, en la no repetición de conceptos ni formas. La coincidencia se presenta en la variedad de concepción, de observación y de expresión de cada uno de ellos. En algunos, como el autor anónimo de el Carro de las donas, que escribe en tiempo del Emperador y conoció a la Reina Católica, se nutre su testimonio de ambas fuentes: la observación personal y la opinión ajena reciente. Otros, como el conde de Castiglione (Nuncio en España), recogen una opinión extendida, de viva voz, en el pueblo; no ya en los que dejaron testimonio escrito. Una "vox populi" bien observada desde las cimas de su cargo y misión, y desde la observación del escritor. (Il libro del Corteggiano; Firenze, 1528).

    Ha sido necesario clasificar a este gran número de testigos por su condición personal, profesional, de origen: historiadores, teólogos, ascetas, y, entre estos, los confesores de la Reina; literatos, políticos y colaboradores (con un apéndice para los enemigos); extranjeros, y, entre estos, los embajadores. Así, pues, la clasificación, se hizo en ocho grupos: Familia Real, Papas, Historiadores, Extranjeros, Colaboradores, Teólogos y Ascetas, Confesores, Poetas. Y ha sido necesario recortar este acervo, sin terminarlo, porque la veta es inagotable.

    Cada uno de los testigos, individualmente, ha sido objeto de un estudio previo, o introducción, para calificar el valor y el sentido de su testimonio, con criterio histórico.

    Y todos en conjunto, sin interdependencia mutua los más de ellos, pueden abonar el resultado de un juicio de valor sobre las virtudes sobresalientes o heroicas de la Reina en el pensamiento de sus contemporáneos.

    De sólo uno de los ocho grupos, "el glorioso período de los Reyes Católicos había sido tratado por un grupo tan selecto de historiadores, que no era fácil superarlos" (Sánchez Alonso, Historia de la historiografía,,., II, Madrid 1944, p. 4); de todos en conjunto, resulta el gran grupo de gentes que estrenaron la España totalmente restaurada, de José Antonio Maravall, en una bibliografía político-moral de la época (El pensamiento político de Fernando el Católico, en V. Congres. Corona de Aragón, Zaragoza 1956, p. 21). Por donde el conde de Cedillo podrá afirmar que la Reina Católica deslumbró a su generación con el brillo de sus obras, "sin distinción de nacionalidad, raza, creencia religiosa o afición política" (Discurso.,,, en Academia, Madrid 1904, PP. 5-6).

    En la valoración de estos testimonios de la "'generación deslumbrada", por una parte "'es preciso desempolvar las viejas unidades de medida para apreciar en su justo valor cuanto da de sí una época"', teniendo también en cuenta que "nuestra mentalidad de hoy es un canon recusable en historia", precaución sin la cual "podemos caer en el error de ponderar lo que no merece encomio o minimizar aquello que es digno de alabanza" (Rumeu Armas, Política indigenista de Isabel la Católica, Introd.: Isabel y la libertad del aborigen, Valladolid 1969); y por otra parte, se impone por sí misma la realidad de un sentido intemporal y perenne en los testimonios relativos a la espiritualidad de la Reina por más que la influyan la devotio moderna, "De imitatione Christi" de Tomás de Kempis y la “Vita Christi" de Ludolfo de Saxonia; cuando los aludidos testimonios se elevan al plano humano, espiritual y sobrenatural de Isabel, nos dan la visión perenne de la teología ascética y mística, con el lenguaje asequible y llano de todos los tiempos, que puede estar en la prosa, o en el verso, del marqués de Santillana, e igualmente en la de cualquier escritor, o tratadista actual y mejor aún en el lenguaje del pueblo.

    En este orden de cosas habría algo que destacar en el texto de Castiglione sobre la Reina (ya aludido). Al tratar él de valorar su testimonio y el de los demás en sus conclusiones de opinión popular, se encara con una supuesta o adivinada crítica de sus escritos: "Si los pueblos de España, los señores y los privados, los hombres y las mugeres, los pobres y los ricos, no se han puesto de acuerdo todos para mentir en alabarla, entonces tengo que decir que no ha existido en el mundo, en nuestro tiempo, ejemplo más claro de bondad verdadera, etc... que la Reina Isabel" (Il libro de Corteggiano, Lib. III, Firenze 1528, s.f., hoja 21). Castiglione moría en Toledo, siendo Nuncio en España, en 1529).

    Podríamos correctamente decir lo mismo de nuestros ochenta testimonios escritos coetáneos, dispares por su procedencia y coherentes en su contenido; quién les habría puesto de acuerdo para decir verdad o para mentir, para salvar o condenar. Pero no nos es preciso polemizar; exponer y basta.

    En cuanto a los extranjeros, quedan por sí mismos diferenciados, en cuanto a condición de testigos, aquellos que fueron llamados a servir en la Corte de la Reina, y aquellos otros que nada tuvieron que ver con la Corte, o cuya relación fue en calidad de embajadores de otro Estado soberano, o de simples viajeros observadores, como el médico alemán Münzer.

    Las anotaciones.

    Para la valoración del testigo y del testimonio, han sido precisas largas y detalladas anotaciones críticas a cada testigo. En algunas de ellas nos hemos encontrado con algún caso singular: uno de los textos de encargo oficial, y redactado como de oficio, la Crónica de Hernando del Pulgar, nos ha dado la inédita apreciación de que la persona del autor es, entre los secretarios y cronistas de la Reina, el tipo de hombre más notablemente independiente y que, cuando tenía que discrepar, como en los principios del problema de los conversos falsos (Pulgar es un converso sincero), se alejó de la Corte, y no se incorporó a su oficio de cronista oficial, sino a base de una correcta independencia que agradó a la Reina hasta el punto de reclamarle de nuevo. Esta conclusión nos aleja científicamente del corriente, vulgar y manido latiguillo de "cronistas aduladores” con que algunos historiadores han encontrado más llana la vía fácil de no estudiar al testigo. Y por una segunda razón: que en las apreciaciones personales sobre la Reina, Pulgar se nos ha ido revelando, caso a caso, como cronista de rara coincidencia, en casi todo lo fundamental, y en muchos detalles, con la documentación privada y oficial. Los cronistas de este reinado y del anterior de Enrique IV, han subido de punto, en nuestra estimación, después de haber conocido nosotros ahora la documentación que ellos conocieron entonces. De todos los modos, mucho más expresivo en la descripción de una santidad, es el Continuador anónimo de Pulgar, “persona ajena a los medios oficiales o de gobierno”; "un puro hombre de letras”. (Carriazo, Crónica, de Alonso de Santa Cruz, 1, Sevilla 1951, p. CCXLVII).

    Otro caso singular más necesitado de estudio crítico, se nos presentó en Pedro Mártir de Anglería, milanés traído a la Corte, como maestro renacentista, de la Escuela de Pomponio Leto en Roma. Ha necesitado la anotación más prolija y cuidada de todo el tomo I de nuestra obra citada, al lado de la de Gonzalo Fernández de Oviedo. Necesaria, decimos, esta larga anotación antes de llegar a una favorable valoración crítica y biográfica de este testigo de excepción, de los que en un orden de testimonio ocular y directo, plantean con mas contundencia la santidad y perfección de la Reina de Castilla. Este la plantea. El Sículo la describe.

    Los siglos XVII al XX. El tomo II.

    Este tomo, no es propiamente una continuación del anterior (abarca los siglos XVII al XX inclusive), sino la expresión de un concepto añadido al de Fama de Santidad coetánea en los procesos históricos: el de continuidad de esa fama coetánea, pervivencia en los distintos siglos, y concatenación no interrumpida hasta el presente con la Fama actual; es decir, la fama anillada desde el primer eslabón hasta el último.

    Ha sido tan extraordinaria esta pervivencia en los siglos, que ha hecho necesario multiplicar en exceso, en este tomo, el número de testigos, dentro de su calidad, hasta ciento cincuenta y llegar un momento en que ha procedido interrumpir poniendo punto final.

    Advertimos, que, si bien la mayoría de testigos y testimonios son de cierta cualificación y entidad cultural, también hemos querido hacer representar a esta colección de testimonios por algunos testigos menos cualificados, pero que representan por sí mismo algo de esencial importancia: al pueblo llano.

    Los testigos populares significan en qué grado han penetrado en esas capas de la Sociedad los testimonios sobre la santidad de vida de un personaje.

    En los tomos XV y XVI de la Documentación, relativos a la opinión de santidad en torno a la Reina Católica, dimos una idea individualizada y crítica de lo que había arrojado la investigación sobre esta materia. Remitimos a lo escrito allí.

    Era elemental despegarse de los conceptos vulgares de mirar esta fama en este o aquel cronista, en este o aquel texto, en este o aquel testigo.

    También rehuimos por principio la frivolidad al uso de citar un testimonio sin valorar críticamente al testigo. Sólo cabe aquí un estricto criterio histórico.

    Y nos encontramos con un testimonio coherente, en la clasificación de ocho grupos de testigos. Entre ellos, hemos fijado más la atención en aquellos hombres de Iglesia, muy cercanos a su cuotidiano vivir y actuar, que más penetraron en el alma de Isabel, acostumbrados a analizar y valorar virtudes y sus grados, que nos dieran las formulaciones expresivas o las equivalencias de la heroicidad, o de la santidad en el grado que pudiera justificar una Causa de beatificación.

    Gran parte de estas formulaciones expresas y de estas equivalencias, quedan ampliamente anotadas ya en muchas de las páginas que preceden.

    Sólo nos restaría, huyendo de reiteraciones, añadir algunos conceptos y expresiones.

    Reinas “virtuosas”.

    Una observación más en estas generalidades previas. Las Reinas del siglo xv peninsular son virtuosas; no hay elogio de Reina que no incluya esta palabra; y hasta llegar a Isabel la Católica escasea una literatura de elogio que hubiera sido justa; todo lo que se dijera con este adjetivo, en relación con Reinas anteriores a ella, como doña Berenguela o doña María de Molina; o coetáneas, corno su propia madre doña Isabel de Portugal; o cercanas como la Reina doña Maria, primera esposa de su padre o doña Blanca de Navarra, primera esposa de su hermano, sería elogio de justicia. El cuadro completo de Reinas Católicas de la España peninsular, en E. Flórez (Memorias de las Reynas Catholicas..., Madrid 1792), interesantísima elaboración biográfica de Reinas; y en el siglo siguiente, el hispanista inglés Martin Hume (Reinas de la España antigua, vers. española de P. Martin Robles, Madrid, s. a.). Los dos trazan una semblanza sobrenatural de Isabel la Católica, sin rodeos ni equívocos.

    Los escritores atraídos por la figura de Isabel, no se han detenido en la imagen usual de la Reina virtuosa. Han pasado todo lo adelante que revelan los textos de sus testimonios.

    Damos una apretada selección, como ejemplo, porque en una síntesis corno esta, es prohibitivo extenderse y obligado remitir a los dos tomos dichos, con su tercero de apéndices, en los que ha sido necesario condensar el desbordante testimonio universal.

    Los modelos elegidos aquí, como al azar, son textos recortados sacados de su contexto. Expresan lo que una síntesis puede hacer para desvelar un amplio estado de opinión y de fama de santidad. Remitimos a la citada obra.

    A la vista de todos los textos completos, nos costaría trabajo dudar de que a Isabel la Católica sus contemporáneos la tuvieron por reina y mujer santa en el sentido teológico de la palabra; y lo mismo en los siglos posteriores. La armonía del conjunto y aun las individualidades de la masa de documentos y testimonios, lo estaría pidiendo históricamente y como instándonos a sacudirnos nuestros condicionamientos críticos, como le sucedió a don Vicente Lafuente, el historiador seglar de la Iglesia; en un arranque de sinceridad llama a Isabel "la mujer más pura de su tiempo"; y en un encogimiento de reflexión crítica, se queda a disgusto a la mitad del camino diciendo: "a quien cuesta trabajo no apellidar SANTA" (infra).

    EXTRANJEROS

    a) Italianos.

    Destacaríamos, como grupo, y entre los extranjeros, a los italianos; el que constituyen Lucio M. Sículo, Pedro M. de Anglería, Castiglione, Guicciardini, Navaggiero y Paulo Giovio (Tomo 1), es, para esta consideración, de lo más valioso de conjunto; de lo más valioso, en las singularidades del Sículo, del de Anglería y de Castiglione, en los cuales la santidad de la Reina se afirma, se explica, o se describe; y, sobre todo, en Castiglione se extrae del consenso general de los pueblos de España. En los dos primeros, son ellos el testigo y observador directo de la cuotidianidad de la Reina en los ambientes más variados y situaciones más opuestas. Este grupo plantearía, por sí solo, la beatificación de la Reina Isabel de Castilla, y será un empuje siempre eficaz en el progreso de una Causa, como idea y también como Proceso.

    Y si atendemos al de Anglería, ya con anterioridad a su venida a España, "per omnium Italorum ora, mirandam e coelo foeminam hac nostra tempestate fuisse demissam, ferebatur", al menos desde que él vivía en Roma, "inter sacros ego nostrae legis cardines versabar” (Document. XV, 175-176).

    El Sículo, se encuentra en la Reina, apenas llegado a Castilla, "vera sanctitas" (1497); quizá sean mejores las equivalencias que el término mismo, en la descripción que hace de sus virtudes heroicas, hasta la más alta contemplación; publicado post mortem.

    El de Anglería, la considera en el rango de las santas canonizadas ya por la Iglesia; canonizable, por tanto, como ellas.

    El conde de Castiglione.

    El Nuncio, conde de Castiglione, en los años 1520-28, cuando la fama ha arraigado en esa generación que sobrevive a la Reina, la estudia en la opinión española, ayudado por el propio Sículo, su compatriota, al estudio y observación de esta fama de santidad en los pueblos de España: "Si los pueblos de España, señores y privados, hombres y mugeres, pobres y ricos, no se han puesto de acuerdo todos para mentir, entonces tengo que decir que no ha existido en nuestros tiempos ejemplo más claro de verdadera bondad, de grandeza de espíritu, de prudencia, de religión, de honestidad, de cortesía, de liberalidad, en suma, de toda virtud, que la Reina Isabel'7; especialmente, como Reina, el que "todos los que la conocieron afirman haber existido en ella una tal divina manera de gobernar, que parecía casi que solamente su voluntad bastaba por mandamiento", porque "senza altro strépito'”, "cada cual cumplía con su deber, sin que, apenas alguno, osase, ni en privado, ni en el secreto de su casa. o posada, hacer cosa que a ella le pudiese pesar". Tal era así descrita por el conde italiano, la fuerza de convicción que sus mandatos producían, y la seguridad popular de su justicia, a fuerza de razón, de bondad y de dulzura.

    b) Alemanes.

    En el grupo alemán, se destacan, dos testigos: el que ya conocemos, Münzer, y el fraile alsaciano, de la Observancia franciscana, "Comisario in curia" romana, Erhard Boppenberger; este último, a raíz de la muerte, (enero de 1505), escribió en carta mensajera: -'Sanctísima dómina nostra mater et regina" (A.H.N., Universidades, 1224, f. 103r. En Document. XV, doc. 1.852, pp. 319-320).

    El médico de Nuremberg, Münzer, queda muy citado arriba, al particularizar nosotros la castidad de la Reina; pero su testimonio, de 1494, describe una santidad con virtudes en altísimo grado, y la convicción: "credo quod Omnípotens, ex alto, hanc serenissimam mulierem, languenti Hispaniae misit"..

    ESPAÑOLES. Siglo XV

    a) Seglares.

    Entre Los seglares, coetáneos, no así entre los modernos, se advierte medrosidad en utilizar el término teológico "santidad”; pero son tan contundentes y descriptivos como los eclesiásticos, en el tratamiento de las virtudes en un grado que reiteran superior al común de las personas virtuosas, sin más precisiones.

    Destaca el testimonio (hacia 1508) del Consejero anónimo; de día en día nos gana la opinión de que se trata del jurista Lorenzo Galíndez de Carvajal, el joven extremeño de 27 años, sacado por la Reina no de la Nobleza, sino de entre los estudiosos de Salamanca, para el Consejo Real; luchador abierto por conseguir la continuidad de los postulados de gobierno de Isabel, no tanto en la Gobernación del rey Fernando, o en la Regencia de Cisneros, cuanto en la sucesión del nieto de Isabel, Carlos, mirado desde el Consejo Real y desde las Cortes con el prudente recelo de su educación en Flandes; fallidos los ruegos de la Reina para educarle ella.

    Toma Galíndez su testimonio abarcando la vida entera de Isabel, "a primis eius cunábulis". Y en su bien distinguida enumeración de altas virtudes de mujer y de Reina, nos llama la atención, por lo singular, el inciso que dice:

    “VIXIT ADEO COMPOSITE, UT INANE UNQUAM VERBUM, ALIQUIS PROTULISSE FATEATUR”.

    En lo demás, es un testimonio parecido al de Münzer, pero de mayor densidad de pensamiento, y mayor autenticidad por la asiduidad de trato de Galíndez con la vida de gobierno de la Reina. Es el testigo, que a raíz de la muerte de Isabel, abarcando el reinado entero, nos sitúa en los verdaderos términos de la exquisita justicia de la Reina en relación con la benevolencia: "Utebatur ita pietate, ut iustitiae báculus non deesset", "has enún virtutes ad invicem colligatas habebat, iuxta Gregorii disciplinam". Pero "in ambiguis rebus, potius ad misericordiam quam ad justitiae rigorem declinabat"; y por haber sido miembro del Consejo Real, en sus funciones de justicia, se acredita de observador directo, aunque él no nos lo dijera: "quod nos saepenúmero experti sumus”. También se refiere a la fama universal de virtudes superiores y en alto grado: "universus orbis decantat", "charitas", “prudentia", "iustitiae fervor", "modestia in rebus", "studium honeste decoreque vivendi", "misericordia" "pietas". Para acabar llamándola "Hispaniae decus", y, sobre todo, "Foeminarum speculum”: reinado aparte "espejo de mujeres". (D. XV, 240-242).

    Algunos seglares lanzan, sin encogimiento, el término "santidad", "santa". Lo pone siempre que le sale una noticia de la Reina, en su Diario, su médico doméstico ("de cabecera" diríamos hoy), el Dr. Toledo, el que acompañó siempre a la Reina en sus viajes continuos de gobierno y de necesidades de guerra; ya desde los azares de la sucesión, hasta las jornadas de Granada. El Dr. Toledo estaba siempre a su lado en cualquier parte. Y así, cuando anota su nacimiento (este doctor lo era ya de la madre de la Reina): "1451. Abril 22. Nasció la sancta Reyna Cathólica doña Isabel.,. en Madrigal". No es vocablo impremeditado, sino el usual cuando le sale una efemérides: "Don Alfonso, hermano del dicho Rey Enrique cuarto; y, de padre y de madre, de la sanctísima Reyna doña Isabel". - "Luego que este don Alfonso murió, fué jurada la sanctisima Reyna doña Isabel". "Por muerte del dicho Rey don Enrique cuarto, sucedió la sanctisima Reyna doña Isabel". "1504. Noviembre 26. "Murió la cathólica e sancta Reyna doña Isabel en Medina del Camno".

    Sin encogimiento, asimismo, Gonzalo F. de Oviedo, escribiendo, ya viejo, en 1555, con los recuerdos de 1492 cuando entró por vez primera en la corte como paje de la Reina: "Después que Dios llevó a esta sancta Reyna...". Anotamos en Oviedo una observación, en castellano, igual a la que en latín, acabamos de destacar en el Consejero anónimo:

    "VERLA HABLAR ERA COSA DIVINA EL VALOR DE SUS PALABRAS, E CON TANTO E TAN ALTO PESO E MEDIDA QUE NI DEZIA MENOS NI MAS DE LO QUE HACIA AL CASO DE LOS NEGOCIOS E A LA CALIDAD DE LA MATERIA DE QUE TRACTABA".

    Todo esto, y lo que explica de la santidad de la Reina, se lo dijo marcadamente al Emperador en el Catálogo de los Reyes de España": “Allí dixe parte de lo que vi e alcançé de aquella bendita Reyna a su nieto el año de 1535”.

    Santa, sin más precisiones, la l~mó Calón, en carta a su hijo Diego, autógrafa, al conocer la muerte de la Reina:

    "Su vida fué siempre cathólica y santa, y pronta a todas las cosas de su santo servicio".

    Diríamos que tiene todo su sentido el término en Fernando el Católico, su esposo; o porque él lo sugirió, o porque lo estampó en la carta del rey el que era secretario de la Reina, Miguel Pérez de Almazán:

    El Rey, sobre la Reyna: "Murió tan santa y católicamente como vivió".

    Y creemos que personalmente el Rey, porque, en soledad ante su notario en el Testamento en Madrigalejo, viviendo su segunda esposa doña Germana de Foix, habla de su primera esposa doña Isabel:

    "Doctada de tantas e tan syngulares excelencias, que ha sido, en su vida, exenplar en todos abtos de virtud e del temor de Dios".

    b) Eclesiásticos.

    1. - De Fray Hernando de Talavera, resumiendo aquí testimonios eclesiásticos, apenas nos cabe la prolijidad de sus testimonios de equivalencia; porque él es más pronto a la exigencia, a las seguridades de perfección, que a la manifestación de lo que piensa. Pero al rogarle la Reina escriba para ella la plática de perfección que dio a sus Religiosos en el adviento de 1474 (juventud de la Reina; 23 años de edad), la dice: "Lo que a los Religiosos se dirige para más çendrar y purificar su sancta conversación, no es conforme a lo que 105 seglares deven oir... Pero yo que sé... la perfección de vuestro devoto y ordenado deseo...". No se le va la pluma a Fr. Hernando; y "un devoto deseo» de perfección, no es la perfección, sino el deseo. Pero menos mal que dice algo: "Es bienaventurado vuestro espíritu, que demandé lo que la rudeza humanal no le pudo revelar, mas lo que le inspiré a demandar algund rayo de la lumbre divinal". "Sin duda pedís, esclaresçida señora. lo que deveis pedir". "Y aun dire' lo que nuestro Redemptor dixo a sus sanctos discípulos quando le demandaron declaraçión de la parábola: que a vos es dado de saber los misterios del reyno de Dios" (Documentación, III, p. 41).

    2. - Bernáldez. Cura de los Palacios (Sevilla); "voz del pueblo", con iniciativa propia, sin cargos ni compromisos oficiales o de Corte. Contemporáneo de la Reina, escribe después de su muerte.

    Para Bernáldez, la Reina es un alma santa, con todos los pronunciamientos. "Muy prudentisima", "Muy catholica en la sancta fe, sicut Elena mater Constantini", "Muy devotísima y muy obediente a la sancta madre Iglesia", "Contemplativa", "Muy amiga e devota de la sancta e linpia religión". "En su buena ventura.. se descubrieron e fueron halladas las Indias". "Esforçadisima", "prudentísima", "sabia", "onestísima", "casta", "devota”, "discreta", "christianísima", "verdadera", "clara", "sin engaño", "muy buena casada", "leal y verdadera y subjeta a su marido", "muy amiga de los buenos y buenas", "limosnera y edificadora de templos e monasterios e iglesias", "Secunda Elisabet continentis"; "siempre proveida de muy alto consejo". "Amiga de su casa, reparadora de sus criadas e de sus donzellas", "muy conçertada en sus fechos". "Çelosa de su casa, dió de sí muy grande enxemplo de buena casada, ca durante el matrimonio de su casamiento y reinar, nunca ovo en su corte otros privados con que el amor se pusiese é el afiçión, sino ella del rey e el rey della". "Bienaventurada reyna" (Este término de "bienaventurada" tiene aquí un sentido sacro que se repetirá en Fr. Luis de León, en Enrique Flórez, etc...).

    "Desta muy noble e bienaventurada reyna vivirá su fama por siempre en España".

    El noble cura de Los Palacios da una razón que él ha sido el primero en tener, escribiendo en tiempo de la Reina y publicando después de su muerte: "Quia omnis laus in fine cánitur; dicit enim sermo divinus: ne laudáveris hominem in vita sua; magnifica et lauda eum post consummationem et perículum".

    3. - Rodrigo de Santaella; aunque nos repitamos, el testimonio del canónigo y primer Rector de la Universidad de Sevilla, es el más condensado, sobrio y contundente. 1495.

    ..."Que muestra, sin debate, ser con vuestra Alteza la mano de Dios... Pura en ¡e. Entera en castidad. Profunda en consejo. Fuerte en constancia. Constante en justicia. Llena de real clemencia, humildad e gracia". Son las suyas, "más divinas que humanas hazañas".

    Siglo XVI.

    Y viene ya la fama de santidad en tiempo del Emperador. La de extranjeros italianos, queda expuesta. De la de españoles, algún texto anotaremos de los cronistas del Emperador, que no lo fueron ya de la Reina, su abuela.

    1. - Pedro Mexía es un cronista imperial, pero que anota un testimonio muy personal, que, críticamente no tiene dependencias de otros. Mexía es un cristiano cabal, de los que reaccionaron en el campo apostólico, frente a las nuevas roturas doctrinales del luteranismo. Dice al emperador sobre la Reina, "su abuela":

    "Fué la más exçelente reyna que ha habido en el mundo, y de más y mayores exçelençias y virtudes dotada": "Extremadamente sabia, honesta, discreta y prudente, y, sobre todo, devota y religiosa, y ansí, piadosa y humana"; reinó "con gran justiçia e ygualdad... por lo qual fué singularmente amada de sus súbditos y vasallos, temida y reverençiada dellos".

    Su contemporáneo, como cronista y cosmógrafo de Carlos V, Alonso de Santa Cruz, organiza un testimonio personal con de-pendencias criticas, como de fuentes inmediatas, de los escritos que le precedieron del tiempo de Isabel. Por eso no expresarnos aquí sus testimonios. (Remitimos al tomo XV, doc. 1.826).

    2. - Para Fr. Bartolomé de Las Casas, es, reiteradamente, “LA SANCTA REYNA". "Los serenísimos príncipes, y singularmente la sancta reyna doña Ysabel”. Recuerda Fr. Bartolomé en las parroquias de indios, los ornamentos enviados por la Reina para el culto, especialmente que “dió uno de su capilla, el cual yo vi, y duró muchos años, muy viejo, que no se mudaba o renovaba, por tenello casi POR RELIQUIAS, por ser el primero y haberlo dado la reyna, hasta que de viejo no se pudo más sostener". Se enfada Las Casas contra el comendador de Alcántara porque obró "todo por el contrario de lo que por la reyna sancta le era mandado, ni cosa hizo conforme a su sancta intención”. (Un poco exagerado aquí el celoso misionero), pero su testimonio sobre la Reina queda así. El apoya sus contiendas siempre en aquel punto de partida que fue la Reina Isabel, a quien venera. (D. XV, 149-150).

    Y quedan así las cosas de la fama en tiempo del Emperador, muy dispuestas para que se escribiese, desde la propia Corte, la biografía de santidad, escrita por el propio secretario áulico del cardenal flamenco Adriano de Utrech, el franciscano anónimo de Valladolid a quien ya conocemos. (Documentación, tomo XXII, doc. 2.958, pp. 210-219).

    3. - Ya el siglo XVI fija con Fray José de Sigüenza el concepto de santidad que él tiene de la Reina Isabel; no solamente porque este clásico de las Letras españolas, de la Orden de san Jerónimo, la apellide santa cuando le ocurre, sino porque va trenzando como unidas por la santidad, las dos vidas; la del confesor Fr. Hernando de Talavera, y la de la confesada, la Reina. Lo que hace Sigüenza es insertar una extensa biografía de Fr. Hernando en la Historia de la Orden de san Jerónimo. El autor conoció las actas originales del proceso de beatificación que inició Granada a Fr. Hernando el mismo día de su muerte; y desde 1507 a 1542, dura el proceso. Estas actas originales, las presentamos, inéditas como están, en el tomo XXII, de la Documentación.

    Pero lo que más hizo y consiguió fray José de Sigüenza para documentar la santidad de Isabel la Católica, fue editar por vez primera las cartas de conciencia de la Reina al confesor; la de Barcelona, 1492, y la de Zaragoza) 1493; en las cuales, se encuentra, no ya una fama, sino la santidad misma. Pero en cuanto a la jama propiamente dicha, Sigüenza, en el siglo xvi, cuando ya sobre los Reyes Católicos se ha escrito en España y en el extranjero, subraya, con marcada intención, que sobre esta santa Reina, nadie en el extranjero, o en España, se ha desmedido al escribir, ni ha puesto la mano en la fama de la Reina, antes al contrario: "No ha havido escritor, aun de que más poca afición han tenido a las cosas de España... que, en llegando a tratar de las cosas desta Reyna, no haya dicho lo que siente y lo que es, en sí, apretado de las cuerdas de una verdad tan manifiesta, y persuadidos que no puede hallarse sombra ni nube que pueda escurecer tan excelente lumbre". Y que, aunque algunos se tan desmandado en tachar al Rey Fernando, "con ser tal el rey", a quien defiende Sigüenza, añade: "A lo qual nunca se atrevieron en las cosas desta Reyna”. D. XV, 543).

    4.- Fray Luis de León. Hasta 1605 no se publicó la Historia de la Orden de san Jerónimo. Y ya en el siglo xvi, dejaba fray Luis de León el ejemplo de "La perfecta casada", "dentro de España", "sin salir de nuestras casas", "y casi en la edad de nuestros abuelos", en "la Reyna catholica doña Isabel, princesa bienaventurada".

    II. Siglos XVII al XX

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    Siglo XVII

    1. - Los principios del siglo XVII, marcan no ya el eslabón que anilla la continuidad de esta fama de santidad, sino un como principto de una nueva cadena. PALAFOX, el venerable obispo de Osma, que tiene, en aquella diócesis y en Roma, su proceso de beatificación, notable aragonés de las Letras españolas, no ha procedido, como por continuación, tomando su apoyo en una fama de santidad, sino en la santidad misma que fluye con una fuerza de convicción de las cartas de conciencia de la Reina; unas cartas que no formaron parte de las razones de veneración de los citados coetáneos a la santidad de la Reina, porque estas cartas no las conocieron sus coetáneos; destinadas al fuego o al cofre cerrado, Fr. Hernando destinó estas dos cartas al cofre y no al luego.

    El obispo PALAFOX, parece inaugurar una nueva cadena de la fama, con este extraordinario y nuevo elemento de juicio, que son las cartas que editó Fr. José de Sigüenza. Los siglos posteriores, especialmente el XIX y el xx, han tomado también ese punto de partida, y del juicio de Palafox, para dejar ya inseparados esos dos genios tutelares de Castilla, semejantes en el decir y en el obrar, la santa monja y la santa Reina, Teresa de Jesús e Isabel de Castilla. Esta conjunción llega hasta nuestros días. (Las cartas, en edición crítica actual, en D. tomo II).

    Pasa así la fama el siglo XVII, a través de Gil González Dávila y el más expresivo del anónimo contemporáneo de este autor de una biografía inédita y autógrafa: "la piedad, la devoción, la religión, la pureza, y una rara sanctidad, adorno mayor de su persona"; o "la mas constante paciencia que jamás vió el dolor" (Colmenares); o la "piedad sólida y sincera, una conciencia delicada, un celo ardiente de la Religión", que "no se cansaba jamás de hacer bíen”, "bienhechora, más aún, ingeniosa en beneficiar", "en quien se hallaban juntos el espíritu y la hermosura, con la dulzura y la modestia", que "su modestia llegó hasta una honestidad y recato escrupuloso". (Textos del obispo de Nimes, Mons. Esprit Flechier, en su Histoire du cardinal Ximénes, Cisneros, París 1693). (D. XVI, 21, 25, 50-52).

    Siglo XVIII.

    En el S. XVIII la santidad de la Reina está en todo el trenzado biográfico que le dedica el P. Enrique Flórez, autor de la España Sagrada; insiste Flórez en el aspecto de una vida entregada al servicio de Dios: "en todos sus pasos tenía por primera causa la de Dios"; en la reforma de los Religiosos, "conformó su alianza con la causa de Dios"; la de Granada fue "empresa sagrada"; la Inquisición, "aquél santo negocio" (estamos dando textos del que es padre de la Historia Eclesiástica en España); "el zelo de la Religión la abrasaba" "Todo su pensamiento estaba en los intereses de la Iglesia y del Reino". "No solo en vida, sino en muerte, respiro religión y devoción", "docilidad de su respetuoso corazón para las cosas sagradas" "No se recreaba con lisonjas". Todas sus facciones formaban '4un compuesto muy amable", "la honestidad cual pocas; e! corazón, cual ninguna”. Y así continúa Flórez esparciendo por el siglo XVIII, y alcanzando así al XIX, este olor de santidad de la Reina de Castilla para terminar "con lo que el Sabio dijo de la temerosa de Dios: IPSA LAUDÁBITUR". (Memorias de las Reynas Cathólicas, Madrid, II, 1790; en D. XVI, 65-74).

    Siglo XIX.

    1. - Comienza el siglo XIX, con la irrupción en España de las ideas de la revolución francesa, y plantea al observador, inicialmente, un interrogante sobre la fama de santidad de Isabel la Católica. Pero se encuentra con la sorpresa; ya las Cortes de Cádiz, 1812, que suprimen la Inquisición en España) hacen un aparte con Isabel al enjuiciar sus principios en Castilla. Su portavoz, JUAN ANTONIO LLORENTE, es un admirador de la Reina, en cuanto a su dulzura de corazón, su limpieza de intenciones, su resistencia a establecimientos de rigor, su identificación con las normas pontificias; también en este asunto; la buena conciencia con que procedía en todo. No yerra Llorente cuando dice que el Papa Sixto IV alentó a la Reina; y su Legado a látere, Nicolás Franco, estuvo en toda la gestión fundacional de la Inquisición en Castilla. Sólo yerra en tomar esto como una culpa. Y de todos los modos Isabel pasa por su pluma (pluma inmisericorde con todos los altos personajes), como un alma pura de intenciones: "La suavidad de carácter de esta excelente Reina, era obstáculo para establecimientos de rigor, pero se le atacó por don-de siempre renunciaba a su propio dictamen: se la persuadió ser obligación de conciencia”. Pero la Reina tenía "una gran dulzura de alma y un entendimierito ilustrado" (Document. XVI, 149-150).

    2. - El mismo siglo va a enjuiciar la medida de la expulsión de los judíos, a través de aquellas mismas ideas, más o menos suavizadas, de la revolución, pero por plumas serías y responsables. Y en ellos, AMADOR DE LOS RÏOS principalmente, aparece la Reina en esta medida nacional, "no ajena a los sentimientos dulces y generosos que brotan de las fuentes evangélicas". Y que la medida, en ambos monarcas estaba dictada "con aquella tranquilidad de conciencia que nace siempre de la convicción de cumplir altos y trascendentales deberes”. Explica esa tranquilidad de los Reyes por 'la abnegación con que posponía Isabel todo interés mundanal, a la idea de limpiar sus reinos de la cizaña del pecado". (D. XVI, 154-155).

    Pasaba así la fama de Isabel por este ambiente inicial del siglo XIX.

    3. - Pero con este ambiente, coexistía la más poderosa elaboración crítica que nadie hubiera antes realizado, sobre el reinado, y particularmente, sobre la santidad de la Reina: la de CLEMENCÍN, que por ir presentada en gran parte, con el Elogio completo, en la Documentación (XXII, 219-272), pasamos aquí por alto; pero esta obra de Clemencín es una base de apoyatura, ampliada en fuentes narrativas, de las elaboraciones del bostoniano William Prescott, de religión protestante.

    4. - Esa obra de PRESCOTT ha difundido en el extranjero, especialmente en los pueblos de habla inglesa, la versión más pura, religiosa y sublimada que haya podido salir de una pluma no católica; no son necesarios en Prescott los términos y vocablos canónicos; su obra es una suma de equivalencias para una fama de santidad.

    5.- Simultáneamente, otro compatriota suyo, WASHINGTON IRWíNG, y en Madrid como él, daba aliento a esta fama y a su difusión en el extranjero. Isabel era “un corazón lleno de ternura y de sensibilidad", "la disciplina y humildad de su corazón", y "fué el suyo de LOS MÁS PUROS ESPÍRITUS QUE JAMÁS GOBERNARON LA SUERTE DF LAS NACIONES”. "El nombre de Isabel brillará siempre con radiación celestial". (D. XVI, 230).

    Y dejando a estos extranjeros que estaban en Madrid en esta cronología del inicio del XIX español, llegamos, paso a paso, en personajes salidos de las mismas ideas del siglo, a una explosión de sinceridades en cuanto a la SANTIDAD REAL, y posiblemente CANóNICA de la Reina. En la mitad del siglo, ya se hace a la Iglesia española un envío concebido en términos como estos:

    6. - "CONFESAMOS NO COMPRENDER cómo no se halla el nombre de la reina Isabel de Castillia en la nómina de los escogidos, al lado de los de san Hermenegildo y san Fernando".

    Razón de historiador, y conclusión de largas y meditadas premisas expuestas en muchas paginas:

    Porque “a la luz de la más escrupulosa investigaczón NO SE DESCUBRE UN SOLO ACTO DE SU VDA, PÚBLICA Y PRIVADA, QUE NO SEA DE PIEDAD Y VIRTUD”.

    Y el no poder venerar a esta Reina en los altares, canonizada por la Iglesia, es cosa que "sentimos de corazón". (M. Lafuente, Documentación, XVI, doc. 1.904, p. 121).

    7. - Un texto como este necesitaba un estudio en profundidad en los tomos que este autor dedica al reinado de Isabel. Además de las numerosas páginas que hemos presentado como testimonio de este autor, en este citado documento serían necesarios más textos, para profundizar en las razones, en la contextura y en la valentía de este testimonio. D. Modesto Lafuente era académico de número de la Real de la Historia; como lo era su homónimo D. VICENTE LAFUENTE, el historiador eclesiástico, seglar; quien, a continuación irá diciéndonos que la fama ha reconocido a Isabel como "LA MUJER MÁS PURA DE SU TIEMPO" "embeleso de los españoles", "Reina a quien cuesta trabajo no apellidar SANTA".

    No tiene este escrúpulo su contemporáneo don Eusebio Martínez de Velasco, al hablarnos de "aquella santa ~ honestísima señora”.

    8. - Y vamos a cerrar ya la abundante nómina del siglo XIX) el siglo liberal y demócrata que no se contentó con una exaltación literaria de Isabel, sino que pidió un altar, y un sitio para ella en el santoral. Un texto extranjero, o rosario dinámico de textos, del hispanista inglés MARTIN HUME, que pone un poco de calor humano, y divino, en la frialdad estática de su compatriota Bergenroth. Es un apurado resumen de la fama de santidad, con menos densidad que la de Prescott, pero con más expresivismo en la terminología, sobre una santidad sin distingos. Tiene cierto contraste de reinas, a lo Flórez, porque es la biografía o apunte biográfico de Isabel en "Reinas de la España antigua".

    "Resuelta y serena doncella". "En extremo piadosa". “De mística exaltación religiosa". "ERA UNA SANTA". "La santa reina". "Heroica mujer". "Fuerte hasta el fin". "Había obrado lo mejor que podía". "Dócil con los eclesiásticos": considera Hume desmedida la influencia que en ella, siempre obediente, tenía Cisneros. “Diplomática y hábil". "No era codiciosa... era demasiado piadosa para ello". "Todo el ambiente de su vida había sido de mística exaltación religiosa" "En este objeto supremo se ha de buscar la clave de la vida de Isabel". 'Sublimar la cruz en las alturas parecía representar para ella la única gloria de que su alma estaba anhelante". "El misticismo y el aire de martirio [de los santos españoles] llenaban el aire que respiraba Isabel". "Siempre procedió con pureza de miras". "Personalmente popular", toda la nación era apasionadamente leal a Isabel, ANTES

    COMO AHORA”. (D. XVI, 231-232).

    9. - "Era Isabel un misterio sobrenatural” (CASTELAR).

    10. - "No hay figura que encarne y simbolice tan hermosa-mente la justicia en acción" (JOAQUÍN COSTA).

    11. - “Las heroicas virtudes de aquella sin igual Princesa”.

    (MENÉNDEZ PELAYO).

    12. - "Modelo angelical de constancia y castidad" (EL CONDE ROSELLY DE LORGUES).

    13. - "La plus grandes reine de l'ere chretienne". "Cette ame grande et pure qui faisait un si noble usage de la vie" (CARON A., y SORLIN. Paris).

    14. - "Une des figures le plus douces de l'Espagne... D'une sensibilité extreme" (M. CAPEFIGUE).

    15. - "Aquella preciosa existencia" (LÓPEZ FERREIRO, canónigo de Compostela).

    Este fue el siglo XIX, como siglo de Isabel. Siglo de grandes valores y de enconadas turbulencias y divisiones internas; pero parece que se cumple en él, lo que se cumplía al alborear el xx bajo el mismo signo, y parece una verdad y realidad, el que "Isabel la Católica es la egregia figura ante la cual las pasiones encontradas... se imponen una tregua para bendecir y alabar"; "Privilegio el de ciertos nombres": "es el nombre ante el que los odios se reducen y las virtudes del alma se exaltan"; "un nombre y una figura ante los cuales, por especialísimo don con que el cielo adornó a los privilegiados, las más opuestas opiniones coinciden”. (Pío ZABALA. Rector de la Universidad de Madrid. 1913).

    Siglo XX.

    Los testimonios de nuestro siglo, hasta nuestros días, han abultado el tomo segundo de la obra Isabel la Católica en la opinión de españoles p extranjeros (Valladolid 1970, 648 págs.), al que es forzoso remitir para no abultar también la forzada síntesis de estas páginas.

    1. - El centenario de la muerte de la Reina, 1904, se abre con el testimonio de Fray ZACARÍAS MARTÍNEZ, O.S.A., entonces pie dicador Real, después Arzobispo de Compostela. Dijo en Medina del Campo:

    "Me veo en la precisión de hacer un panegírico y no 'irla oración fúnebre, PORQUE ISABEL LA CATÓLICA FIJÉ UNA SANTA, AUNQUE, POR DESIGNIOS INESCRUTABLES DE DIOS, NO LA VENEREMOS EN LOS ALTARES".

    "Hablé de ella como pude hablar de una santa", por su "humildad sin afectación”, "sobriedad", el abrir sus manos "al indigente y al pobre", "dulzura bondad y clemencia", por aquellas sus "palabras sin hiel.., con que ha de ofrecer la oliva de la paz a los vencidos"; "bondad ingénita", "dulzura sin límites", "sentimiento vivo de la justicia", "prudencia inaudita", "aquella ciencia toda grave buena y santa para regir", "aquel espíritu de fortaleza que da la castidad", "recato y pudor", "conducta irreprensible"; "aquella santidad de su persona", "mujer difícil de encontrar en la tierra".

    "...Mas si he usado alguna palabra menos propia, la someto al magisterio infalible de la Iglesia".

    "QUE DIOS ILUMINE LA CONCIENCIA DE NUESTROS HOMBRES PÚBLICOS, QUE SE INSPIREN EN EL TESTAMENTO DE ISABEL LA CATÓLICA".

    (Publicado en La Ciudad de Dios) 5 dic. 1904, pp. 559-575; y en edic. autónoma, Madrid 1904).

    2. - En la Real Academia de la Historia, EL CONDE DE CEDILLO, 27 de noviembre de 1904.

    "Acabado prototipo en que pudiesen tomar ejemplo y saciar su admiración los Reyes y los pueblos". "Dechado de virtudes; bienaventuranza de España".

    3, - En la Universidad de Madrid. 1904. El catedrático don Fernando Brieva y Salvatierra, profesor de Historia del joven monarca Alfonso XIII.

    “La santa princesa,,. ejemplo limpio de virtudes, don de la misma honestidad se miraba". "De allí salió la España del siglo XVI. "'En aquella bendita mujer aprendieron las de su tiempo el oficio de esposas y madres".

    4. - D. ANGEL HERRERA, director de El Debate (16 junio 1929, p. 1. Editorial). ¿Fue el propio don Angel quien redactó el editorial? Así lo creemos. Es una materia pensada y una síntesis de estudio de lo que pudiera ser (y lo ha sido más tarde) un trata-do de virtudes de la Reina Isabel en orden a una beatificación. La ocasión fue la moción surgida en el Congreso Mariano de Sevilla, ibero-americano, marginal al Congreso, de promover la canonización de Isabel la Católica entre los españoles y americanos. Dos breves fragmentos del editorial:

    "La Reina supo dar en el trono, y en tan grandes acontecimientos, las pruebas más heroicas de las más difíciles virtudes cristianas" - - La canonización de la Reina, "aspiración difusa de tantas almas que, en su fuero interno, veneran ya a Isabel la Católica como a una verdadera santa”. "No es esto prevenir el fallo de la Iglesia, de la cual fue ella tan piadosa y sumisa hija; es la vox POPULI, mejor, POPULORUM". “Habrá también lugar de tratar el asunto con los que vengan del Nuevo Mundo. Nos CONSTA que hoy lo desean ellos, por lo menos, tanto como nosotros".

    5. - D. ANTONiO BALLESTEROS BERETTA. Hace una detenida semblanza espiritual de la Reina (Historia de España, 2,a edic., vol. V' Barcelona 1948. Sólo aquí una frase:

    "El alma de Isabel, plena de virtudes heréicas".

    6. - D. RAMÓN MENÉNDEZ PIDAL. Ha hecho diversos análisis de la personalidad y aun del alma de la Reina.

    "Fue una sumisa grandiosa". "Muy atenta a escuchar la voz de su pueblo". "Fue siempre una enamorada de la justicia y aniquiladora de la violencia". "Oía cuidadosa a políticos, a letrados y a Religiosos". "Vivió escrupulosa-mente preocupada de imponer la justicia a todos, y a sí misma la primera uniendo la altiva majestad a nombre de la ley y la más humilde deposición de todo orgullo personal". "Había subido al trono una voluntad recta, tajante y CORONADA POR LA CRUZ DE LA ABNEGACIÓN".

    7. - D. JUAN DE CONTRERAS, Marqués de Lozoya.

    "Era profundamente religiosa, con una religiosidad clara y ordenada". "En el alma de Isabel se encuentra aquella singular compenetración entre la espiritualidad más elevada y el más sólido realismo, que habían de ser características de otra gran mujer... TERESA DE CEPEDA".

    “NINGÚN FACTOR DE ORDEN POLÍTICO VINO A ENTURBIAR LA SANTIDAD DE SUS ANHELOS DE GLORIA DE DIOS Y BIEN DE LA IGLESIA".

    8. - D. JOSÉ Mª DOUSSINAGUE. Embajador de España en Roma. Santa Sede.

    Nota. - Doussinague, historiador fernandino, en sus años primeros de Roma, embajador en el Quirinal, no comprendía las cimas de la santidad en Isabel. Escribiendo, sin embargo, la Vida de S. Ignacio, al estudiar sus años de formación en Arévalo, necesitó estudiar a Isabel la Católica y el tono espiritual de la Corte. A partir de entonces, no hemos conocido, entre los seglares, analista tan certero del alma y de la santidad personal de Isabel la Católica.

    "Grande y santa Reina esta, en cuyo estudio seria preciso ahondar más cada día". "San Ignacio es el fruto más esplendoroso de la siembra de virtudes realizada por Isabel".

    "La grandeza de Isabel la Católica, consiste en su santidad".

    Un día, en la embajada, le preguntamos: ¿Tiene relación la santidad de la Reina con su política? Nos contestó:

    “SU ÉXITO POLÍTICO SE DEBE A SU SANTIDAD PERSONAL".

    El tema desarrollado en su discurso "La Corte de Isabel la Católica", en la R. Academia de Ciencias Morales y Políticas, en 1962 (Texto en Anales de la Academia) es el de la trasformación de la Corte en un centro de formación e irradiación cristiana, que consiguió educar y formar a la juventud de las clases dirigentes, actores efectivos de la España del siglo XVI.

    A su estudio, dice allí

    "nos impulsan estímulos patrióticos y EL GENERAL DESEO DE VERLA SUBIR A LOS ALTARES".

    9. D. ESTEBAN BILBAO, Presidente de las Cortes. Sobre la causa de beatificación de la Reina Isabel.

    "Un propósito altísimo que despierta, desde luego, el entusiasmo de los católicos españoles: que tan luminosa idea pudiera adquirir práctica realidad, LLEVANDO A LOS ALTARES a la más grande de las Reinas españolas".

    10. - El General D. ALFREDO KINDELAN.

    "¿Cómo tan santa mujer no está va en los altares?".

    En el Diario de Barcelona, 21 jun. 1960, nos sorprendía el General con esta pregunta y sus correspondientes análisis para explicarla, partiendo de sus virtudes apreciadas en ese alto grado de heroicidad.

    “Muchas veces me he preguntado QUÉ RAZONES HABRÁ TENIDO LA IGLESIA PARA NO INSTRUIR PROCESO DE BEATíFICACIÓN A LA REINA ISABEL LA CATÓLICA... Partia del hecho de haberse ya introducido la Causa en Valladolid en 1958.

    11. - D. Luis MORALES OLIVER. Director de la Biblioteca Nacional. 1959.

    La canonización de Isabel la Católica: "Por este triunfo suspiramos cuantos hemos podido penetrar un poco en la raíz de España y con este anhelo, con el clamor de muchos espíritus, al Señor”-

    12. - D. JOSÉ IBÁÑEZ MARTÍN. Fundador y Presidente del Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Ministro de Educación Nacional. 1951.

    "ESPAÑA ESTÁ EN DEUDA CON LAS VIRTUDES EXCELSAS DE ISABEL DE CASTILLA, Y EL CATOLICISMO ESPAÑOL AL DESCUBIERTO".

    Con estas palabras sorprendió a la opinión el entonces Ministro, el 22 de abril de 1951, ilustre aragonés nacido en la provincia de Teruel y formado en la Universidad de Valencia, lanzando a España la idea de iniciar un proceso de beatificación de la Reina Isabel. Lo hizo, deliberadamente, EN ZARAGOZA:

    “Queremos tan sólo que nuestra apreciación, lanzada precisamente DESDE LA HERÓICA URBE ARAGONESA, sea eco firme de la voz de los siglos expresión y anhelo de los mejores deseos del pueblo español".

    Antes de que pudieran reaccionar, en sus sorpresas, Madrigal, Arévalo o Medina del Campo reaccionaba Madrid, al día siguiente, lunes:

    “Quisiéramos ver a Isabel la Católica en los altares”...

    “Roma puede decir la palabra definitiva. Palabra vagamente deseada por millones de seres y que sólo aguardaba la mano fuerte que agavillase este haz de anhelos para ponerlos a los pies del Vicario de Cristo" (Hoja del Lunes).

    De este modo inauguraba Ibáñez Martín el V Centenario del nacimiento de los Reyes Católicos, 22 de abril, día del nacimiento de la Reina, año 1451. Su discurso es un análisis y verdadero tratado de virtudes heróicas de la Reina.

    13. - D. JOAQUÍN RUÏZ JIMÉNEZ. Ministro de Educación cuando se clausuró el centenario, EN GRANADA, octubre 1952.

    "Aun los detractores de tan augusto reinado se inclinan ante la silueta espiritual de la Reina y no pueden menos de reconocer las extraordinarias virtudes que, con nuestros ojos de carne, PODRÍAMOS CALIFICAR DE HERÓICAS,

    con que doña Isabel cumplió su destino terreno como mujer, como esposa, como madre y como Reina".

    14. – LUIS DE ARMIÑAN. "No fue fanática, sino mística; no era intolerante, sino recta. Una santa de la tierra".

    15. - GÓMEZ DE MERCADO. "La santa Reina...'. El testamento no es literatura, sino santidad".

    16. - A. GALLEGO BURÍN. "Genio singular, no explicable por razones naturales”.

    17. - P. TARSICIO DE AZCONA. “El caso de Isabel..., un prodigio de la gracia sobrenatural". "No tiene nada que temer de la historia". "Su vida espiritual en la noche oscura de la purificación hasta conseguir metas de perfección cristiana".

    18. - P. VENANCIO CARRO. "Isabel la Católica, a la que quisiéramos ver en los altares".

    19. - P. FELICIANO CERECEDA. "No se comprende cómo se ha dejado secar ese cauce florecido de virtudes y no se fue hasta conseguir de Dios y de la Iglesia la patente de santidad.,.".

    20. - LA VILLA DE TARREGA (Lérida). "La humanidad, la Religión católica y la geografía están en deuda con ella".

    21. - JOSEPH CALMETTE (Toulouse). "Comparable en lo físico y en lo moral a Blanca de Castilla, madre de san Luis, poseía la misma devoción meticulosa, el mismo escrúpulo religioso".

    22. - WILLIAM SANDERS. "Siguen teniendo plena vigencia en América los principios que rigieron, SU OTRO REINO, EL MORAL". "Quiso para América todo lo mejor que era dable ofrecer.,. su REDENCIÓN, con apasionado fervor religioso".

    23. - LA CONDESA DE PARDO BAZÁN. Canonizar a Isabel sería interpretar la convicción de nuestros espíritus". "Con derecho a la severidad por la santidad de su vida, Isabel practica la virtud esencialmente cristiana de la tolerancia". ("Cuatro españolas" en "Lecciones de Literatura").

    23. - BLANCA DE LOS Ríos. "Aquella gracia y santidad honestísima".

    24.-ENGRACIA ALSINA DE LA TORRE. “La voluntad de Dios era su ley".

    III. Nota sobre la Causa de Beatificación

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    NOTA SOBRE LA CAUSA DE BEATIFICACIÓN

    Precedentes de la Causa.

    La fama de santidad de Isabel la Católica, in morte et post mortem, hubiera hecho lógica la introducción de esta Causa. Pero una Reina propietaria que había tocado todos cuantos resortes le ofrecían la política interior de los reinos de España, la política internacional europea y las primeras contingencias del Nuevo Mundo, necesitaba un sedimento y reposo de sus recuerdos y el tamiz de dos generaciones, por lo menos.

    Proceso más sencillo era el de santa Isabel de Portugal, infanta española del siglo XIII, reina consorte de Portugal, no propietaria. Y sin embargo no es beatificada hasta el S. XVI y canonizada en el XVII.

    Medio siglo anterior a la Reina Católica, es santa Juana de Arco, que actúa en un conflicto internacional Inglaterra-Francia; queda rehabilitada su vida y memoria por el Papa Calixto III. aún calientes sus cenizas. Y Juana de Arco no es beatificada hasta 1909 por Pío X, y canonizada por Benedicto XV en 1920.

    1.-Primer planteamiento. Siglo XIX.

    Continúa sin interrupción la cadena de testimonios históricos sobre la santidad de la Reina, en cada siglo y en cada época. Y se plantea la Causa de beatificación, en el siglo XIX. Pone las premisas la Academia de la Historia por las Ilustraciones de Clemencín a principios de este siglo. Y la idea está madura a mediados de él, por la pluma de un historiador y teólogo a la vez (hizo toda la carrera eclesiástica), D. Modesto Lafuente, el cual hace un planteamiento directo a la Iglesia española con la contundencia de una manifestación de extrañeza: "confesamos no comprender cómo no está esta Reina en la nómina de los escogidos”. Y parecía que después del movimiento documental de este historiador y otros concienzudos investigadores de su siglo, podría estar la investigación española en condiciones de afrontar una Causa de carácter histórico; pero no lo estaba.

    En el siglo XX, ya desde 1904 en Medina del Campo y por boca del predicador Real de Palacio, después Arzobispo de Compostela, fray Zacarías Martínez, se formula una opinión sobre la santidad de vida de la Reina Católica y una sugerencia de Causa de beatificación para los años posteriores.

    Esto nos sitúa ya en los precedentes inmediatos de la Causa.

    2. - Precedentes inmediatos.

    Esa misma voz tiene eco o coincidencia en ¿a Real Acadernia de la Historia, por el conde de Cedillo, y en la Universidad de Madrid, por su catedrático de Historia D. Fernando Brieva y Salvatierra, y por su Rector D. Pío Zabala. Hasta que en 1924 Granada da los primeros pasos para la organización de una Causa y de un Proceso de beatificación de la Reina.

    a) GRANADA. La Capilla Real, E! cardenal Casanova.

    Debemos reconocer que tampoco en 1924 estaba la investigación en España en condiciones de afrontar con éxito una empresa histórica como esta. Pero Granada planteó la beatificación de la Reina y daba sus primeros pasos en Simancas. El Capellán de la Capilla Real, D. Francisco Fonseca Andrade, se dirigía al Archivo de Simancas por medio del bibliotecario de la Universidad de Granada, D. José Fiestas. Pedía se le informase de la existencia de un Proceso precedente de beatificación de Isabel la Católica. Les contesta Simancas que este proceso no existe, y sí una noticia del proceso de canonización de Santa Isabel de Portugal (Simancas. Buscas, Leg. 89, año 1926, nº 75). En este mismo Registro de Buscas hay otra carta del mismo capellán Real de Granada, pidiendo datos sobre la dispensa para el matrimonio de los Reyes Católicos. Esta misma ingenuidad que revelan estos pasos, de cara a la Causa de la Reina, revela el clima impreparado para una investigación como la que esta Causa ha exigido.

    Entre tanto, el arzobispo de Granada, cardenal Casanova, hacía un sondeo diplomático y archivístico en Roma. La prensa granadina, la GACETA DEL SUR, se hacía eco de estos trabajos. En los Archivos de la Causa tenemos los números de este periódico que publicaron artículos sobre las actividades del cardenal y de la Capilla Real.

    Posteriormente el capellán Real visitó Madrigal, Medina del Campo y Valladolid, donde ya se puso al habla con el arzobispo de esta ciudad, D. Remigio Gandásegui, en quien encontró buenas disposiciones para el encauzamiento jurídico de la Causa.

    b) SEVILLA, 1929. El Congreso Mariano Iberoamericano.

    Este Congreso, que no tenía a la Reina Católica por objeto, se convierte en ocasión espontánea para una aclamación de españoles y americanos replanteando la canonización de la Reina. Este ambiente del Congreso es recogido allí por el obispo Prior de las Ordenes Militares, don Narciso Esténaga, en su oración fúnebre por los descubridores de América, y el diario católico nacional "El Debate" da forma concreta a un proyecto bien montado de Causa de beatificación de la Reina (16-junio-1929, pág. 1), con lo cual entraba esta Causa en los dominios de la opinión pública del catolicismo español.

    Granada se suma a la moción de Sevilla; y comienzan a manifestarse adhesiones por parte de los Prelados: el Nuncio Mons Ragonesi; el cardenal Reig, arzobispo de Toledo; el cardenal Segura posteriormente; y contaban ya las del arzobispo de Granada cardenal Casanova y del arzobispo de Valladolid, Gandásegui.

    Las circunstancias de inquietud nacional que siguieron a estas fechas, y no se despejaron hasta 1939, fueron la causa de que estos propósitos quedasen para mejor momento.

    c) ZARAGOZA Y GRANADA, 1951.

    El centenario del nacimiento de ambos monarcas, 1951, en circunstancias muy favorables, produjo un replanteo decisivo de la Causa con gran vitalidad. Las circunstancias de la investigación en España habían ya mejorado notablemente. Se había fundado en 1939 el Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Su fundador y Presidente, don José Ibáñez Martín, contaba con personas de gran valía y de especialización en este reinado de los Reyes Católicos: don Antonio de la Torre y sus colaboradores y discípulos, estaban publicando colecciones de fuentes con un proyecto que totalizaba las del reinado. El mismo Presidente fundador del Consejo, inauguraba en Zaragoza las jornadas del centenario con un discurso en el que planteó a la nación española y a la Iglesia, esta Causa de beatificación:

    Queremos tan sólo que nuestra apreciación, lanzada precisamente desde la heroica urbe aragonesa, sea eco firme de la voz de los siglos y expresión y anhelo de los mejores deseos del pueblo español". (Documentación, tomo XVI).

    La prensa nacional reaccionaba al día siguiente: "Quisiéramos ver a Isabel de España en los altares": "palabra vagamente deseada por millones de seres y que sólo aguardaba la mano fuerte que agavillase este haz de anhelos para ponerlos a los pies del Vicario de Cristo”. (Texto reproducido en el Boletín de la Causa, n.0 2, 1965' p. 8) La clausura del centenario en Granada, reafirmó este propósito, con textos estimadísimos.

    ¿Estaba en condiciones entonces la archidiócesis de Valladolid de afrontar esta verdadera empresa, que había de esperar seis años más? El mismo personaje, que continuaba presidiendo el Consejo de Investigaciones Científicas, hizo dos viajes a Roma en distintas ocasiones, para exponer al Papa Pío XII, y a los dos sustitutos de Estado Monseñores Tardini y Montini, estos proyectos del pueblo español. Estas conversaciones en el Vaticano, son solamente una especie de revelación verbal a nosotros por el propio interesado, tres meses antes de su muerte; y de las cuales queda en nuestros archivos particulares un sólo documento escrito: la carta que el ya cardenal J. B. Montini, de Milán, escribía al Sr. Ibáñez Martín, prometiéndole rogar por el éxito de este noble deseo de la nación española. (Milano, 14 ottobre 1959).

    "Pure molto volentieri rivolgeró una particolare preghiera al Signore, perche voglia esaudire i voti della nobile Nazione Spagnola”.

    El Museo de América (que entonces se fundaba en Madrid) en tanto pudiera tener cauce canónico la Causa en Valladolid, distribuyó una propaganda por España, Roma y América. Como resultado de ella, se produjo un movimiento ilusionado de adhesión en las organizaciones femeninas de las dos Américas.

    La primera, relativa a Hispano-América, tuvo lugar el mismo año 1951, en Madrid. Habían acudido a visitar España y las ciudades isabelinas, unas representaciones de mujeres de flispan~ América y Filipinas, con motivo del Centenario del nacimiento de los Reyes Católicos. Celebraron un Congreso Femenino Hispano Americano. Y en el palacio de Doña Maria Bauzá, en la calle del Cisne, firmaron un documento en pergamino pidiendo la exaltación de la Reina a los altares, donde estamparon sus firmas las damas representantes de Argentina, Bolivia, Brasil (incorporado al Congreso), Colombia, Cuba, Chile, Ecuador, Méjico, Perú, Uruguay y también las de Filipinas. (Una fotocopia de este original, se publicó en el Boletín de la Causa, nº 2, 1965, p. 9).

    La relativa a las damas católicas de Norte América, se produjo al mismo tiempo, aunque sólo consiguieron ponerse en contacto con la Causa en 1961, cuando ya la tenia canónicamente iniciada el Sr. Arzobispo de Valladolid, D. José García Goldáraz. Estas damas norteamericanas, pertenecientes a la organización católica "Hijas de Isabel" (Daughters of Isabella), asistieron en Roma en 1961 al Congreso de la Unión Mundial de Organizaciones Femeninas Católicas, y aprovecharon la ocasión para ponerse en contacto con la representación española de las Mujeres de Acción Católica; se entrevistó la Presidente, Supreme Regent, de las Isabelas americanas, Miss Julia F. Maguire, con la Presidente del Consejo Diocesano de Mujeres de Acción Católica de Guipúzcoa, doña Pilar Arrúe, vocal delegada de la Unión Mundial. Y esta les puso en contacto con el Sr. Arzobispo de Valladolid; a raíz de lo cual se estableció un contacto constante epistolar y de intercambios de publicaciones, con la Causa de beatificación ya iniciada. En este año habían fundado su revista "The Isabellan" -

    Por su cuenta, en 1962 hicieron una petición de que la Reina Isabel, titular de su organización y de su revista, pudiese subir a los altares. Celebraban, en ese año, su International Convention Daughters of Isabella en Montreal (Canadá). La resolución numero 2 de este Congreso, fue solicitar la beatificación de la Reina Isabel de España "the beatification of His servant Queen Isabella the Catholic of Spain, our patroness". (Del "Report” enviado a la Causa por Miss Julia F. Maguire). Este ejemplo lo siguieron las damas de la Sección de Filipinas, poniéndose en contacto con la Causa por medio de su Presidente doña Lorenza Adam, esposa del Dr. D. Francisco T. Dalupan, Rector entonces (1962) de la University of the East de Manila, quien, asimismo escribió a la Causa iniciada en Valladolid.

    Con este ambiente creado por el Centenario de 1951, se llega a la iniciación de la Causa en 1958 en Valladolid.

    3. - Iniciación canónica de la Causa en Valladolid, 1958.

    En noviembre de 1953 tomaba posesión de esta archidiócesis D. José García Goldáraz. Al nuevo Prelado iban llegando los ecos, peticiones y documentos del centenario de 1951. En 1957 aprovechó su visita "ad Limina" para hacer reservadamente un sondeo sobre la viabilidad de esta Causa, en la 5. Congregación de Ritos.

    Como resultado de estos contactos, a su regreso de Roma lanzaba la idea públicamente, también como sondeo a la opinión española.

    En abril de 1958, día 23, nombraba al Postulador. Y el 3 de mayo decretaba la apertura de la Causa y nombraba la primera Comisión Histórica.

    La Comisión, terminaba sus trabajos en junio de 1970.

    Un rescripto de la 5. Congregación, del 3 de julio, declaraba al arzobispo de Valladolid autorizado para abrir el Proceso Ordinario diocesano.

    Este se iniciaba el 26 de noviembre de 1971 y se clausuraba el 15 de noviembre de 1972.

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    4.-En Roma.

    El 18 de este mismo mes y año se presentaba a la 5. Congregación la Documentación histórica (treinta volúmenes), y el tomo del Proceso Ordinario, diocesano.

    Dos días después, el 20, tuvo lugar la apertura canónica del Proceso en la S. Congregación. 1972.

    El 30 de marzo de 1974, concluía el primer Proceso de la Causa en Roma, el de los Escritos de la Sierva de Dios, con la aprobación de la Positio super scriptis, por la S. Congregación para las Causas de los Santos.